Numeroso público se congrega en torno al manteo del pelele

La fiesta viene a celebrar el fin de las restricciones durante la cuaresma para los cristianos y del invierno para los laicos

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Argamasilla de Alba ha vuelto este domingo a mantear los peleles en una de las fiestas más antiguas de la localidad, prácticamente perdida, y recuperada hace nueve años del olvido, para deleite de todos los argamasilleros y turistas, por la Agrupación de Coros y Danzas “Mancha Verde” con la colaboración del Ayuntamiento.

Cada año son más numerosos los participantes en la fiesta del manteo del pelele pues está abierta a todo el que ha querido agarrar la manta y competir con el grupo de al lado para hacer volar más alto al muñeco, así como acertar en la recogida.

La celebración se ha abierto y cerrado con el manteo popular de los muñecos, con un paréntesis intermedio en el que Mancha Verde ha mostrado algunos de sus bailes más conocidos, entre los que no ha faltado la Jota del Pelele.20160327_Manteo del Pelele04_AdeAlba 20160327_Manteo del Pelele03_AdeAlba 20160327_Manteo del Pelele001_AdeAlba

La concejala de Festejos, Alba Hilario, ha destacado el esfuerzo y la dedicación de la agrupación por mantener y recuperar las tradiciones locales, y tras unas breves palabras de presentación se ha unido a uno de los grupos.

Aunque principalmente la fiesta viene a celebrar el fin de la cuaresma y las sobriedades a la que impone la tradición cristiana, tras el periodo de recogimiento de la Semana Santa; tiene otra vertiente pagana, en la que se celebran el fin de las restricciones del invierno y la llegada de la primavera, un periodo mucho más alegre en el que brotan las flores y los sentimientos, aletargados durante meses, además de aprovechar la ocasión para mantear a alguien impopular, al que representan en este caso el pelele.

El pelele es un muñeco antropomorfo de paja y trapos viejos que, para los cristianos, representa a Judas. Los días previos a la celebración los muñecos son expuestos públicamente en los balcones de las casas hasta el domingo de Resurrección, cuando son bajados y manteados por grandes y pequeños, al ritmo de sarcásticas y burlonas letras que llevan intrínseca una doble intención picarona, antaño no muy bien vistas por los representantes de la iglesia.

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